Luz

Sólo recuerdo que hacía muchísimo frío.

Estaba aburrida, perdida en otro millón de preguntas, en el huracán de decisiones que no tomaría. Pensando en el dolor, en lo absurdo de la vida, en lo difícil que sería esa misma noche. En cómo escalar y lo mucho que importaba estamparse contra el muro, en la indiferencia, el amor y lo que me dolía que, a pesar de todo, parecía que sí, ese era el fin, que iba a estar muerta, que no me quedaban más balas.
Era absurdo siquiera planteárselo, porque no era algo que hubiera escogido, parecía que la dureza se había apoderado de mi piel, la coraza había pasado a formar parte de mí, y con ella el veneno y la máscara. No eran añadidos, simplemente eran lo que significaba ser yo. Oscuridad, miedo, veneno y muerte.
Alejar a las personas a las que quieres, para que no se hagan daño por estar cerca de tí.
Noches y días en soledad a pesar de estar rodeada de gente.
Habían sido 23 años cojonudos. 23 y medio, para ser exactos. Y parecía que la luz se había acabado allí. Que al final lo de ser un humano luminoso estaba hecho para los inocentes, para los puros. Y para mí solo quedaba el sendero que había decidido seguir, que estaba marcado por la sangre y lo sucio, por el sufrimiento y la nostalgia.

“Buenas, qué tal.”
“Pasando un frío de muerte.”
“No te conozco, no? a él sí, pero a tí no.”

Y, de repente… luz.
Me dio la vida mucho antes de que yo siquiera me diera cuenta de que lo estaba haciendo. Ni siquiera lo hizo a propósito, es que es así. Brillante.
Qué ironía, cuando lo que debería sentir es dolor por tantos kilómetros entre su cama y la mía.
Como si fuera posible estar triste estando a su lado.

Como si fuera posible ocultar que estoy viva de nuevo.
Pero cómo evitarlo, si es que es la mejor persona del mundo. Si cuando decide decirme algo bonito me vuelvo joven de nuevo. Traté de ocultárselo, pero me delataron mis ojos cuando brillaron al mirarle.

Como si hubiese tenido alguna oportunidad de escapar de su luz desde el principio.

No recuerdo bien su cara aquel día. Intento recordar si ganó, pero sólo recuerdo el frío.
Como si alguien hubiera tenido alguna posibilidad contra él.

Como si pudiera ocultar que, aunque sea de lejos, cada vez que le veo, me siguen temblando las piernas.

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Y es que hacía tanto tiempo…

Una vez alguien me dijo que pasaba tanto tiempo sin escribir porque sólo mancho páginas cuando estoy triste. Que la risa no dejaba tiempo para las palabras. Y puede que tenga razón. Por eso voy a gastar un poquito (no mucho) de éste tiempo tan valioso, entre hojas de ejercicios y conversaciones por skype de madrugada, para dejar aquí una sonrisa.

Y un poco de rabia, que tampoco está nada mal.

Rabia porque siendo imbécil he tirado a la basura un año. “Devuélveme a Septiembre, que lo rehaga todo de nuevo” empieza a ser una frase recurrente. Y si bien es cierto que de los hechos importantes no cambiaría ninguno, me hubiera gustado haber podido disfrutarlos en vez de haber dado vueltas y más vueltas alrededor de la nada.
Hoy me río de lo que llegué a preocuparme por aquel al que ya conocemos como Bomba de Humo.

Habría hecho muchas cosas de forma distinta, sí, pero no habría cambiado lo esencial. Y no habría dejado que me afectase.

Así que ahora me encuentro aquí, medio a oscuras entre hojas y hojas llenas de números, mientras el resto descansa y puede irse a dormir. Y juro, como he jurado una y mil veces, que ésta será la última.

Y como tantas otras cosas últimamente, lo que nunca fui capaz de cumplir voy a cumplirlo ahora.

Nunca podré agradecerte lo suficiente todo lo que hiciste por mí. Con tu ayuda salí del túnel, porque iluminaste el camino. Y aunque no me gusta ni me gustará jamás ponerme a decir (y menos a escribir) moñadas, que luego todo se sabe, sería una hipócrita si no te dijera que me hiciste fuerte. Y que no te necesito, pero me dijeron que cada mañana volviese a planteármelo todo, y de una forma u otra siempre acabo eligiéndote a tí.

No voy a dar más vueltas, que el resto lo sabéis todos. Marcho a seguir haciendo algo que, por qué no decirlo, me encanta, aunque a veces se haga tan duro como hoy.

Y por un día, ya que la traigo puesta de casa, no tengo que disfrazarme con una sonrisa para dejarlo aquí.