Primer paso.

Escribo mis crónicas desde el lado frío de la cama, ahora que ya no estás acurrucado en él. Cada vez me resulta más difícil juntar palabras, por el simple hecho de que mi instrumento ha quedado inservible, una pantalla azul encima de mi mesa.  Divago con la música de fondo en éste pequeño cuaderno, tratando de no echarte de menos y fracasando miserablemente en el intento. Pensando en lo mucho que se parecen últimamente todos mis escritos y en lo imposible que me resultaría desviarme hacia otro camino que no fueras tú.

Que cada día que pasa, con cada mirada en la que dejas entrever un pequeño recoveco de tu alma, estoy más irremediablemente perdida. Que debo de estar loca, 4 horas en un coche divagando sobre la estupidez humana y lo bobas que somos las mujeres ante una sonrisa como la tuya, y cuando pienso que tengo un letrero de gilipollas escrito en la frente, lo único que me sale es sonreír.

Y qué decirte, o más bien ocultarte, que prácticamente estoy deseando hacer el idiota una vez más, y dejar pasar el tiempo enredándome en las ondas de tu pelo, que en su día había renunciado a sentir lo que tú me das para tener a alguien que me quisiera en vez de alguien a quien yo quisiera,  y que a pesar de todo, ojalá confiases en mi, porque ya que estamos, tengo intención de abrir de nuevo mis heridas mirándote a los ojos.

Me aterra que pienses que soy una ñoña, pero es una vez que empiezo ya no puedo parar.

Y es que me gustas tanto que si no eres el amor de mi vida, te juro que dejo pasar al verdadero, sólo por estar contigo.

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