Feliz navidad hijos de puta.

Hora de dejarse de nuevo las tripas, la última vez de éste año.

Qué decir, que ha sido un año lleno de sorpresas, que he aprendido un montón, que me he rodeado de gente que me quiere y que quiero, que me he divertido… y una mierda.

La cruel realidad es que este año, de sorprendente no ha tenido un puto ápice, y que termina como comenzó, con el mordisco de la realidad en las rodillas, que ha habido tanta gente que ha entrado en mi vida como gente que se ha ido y gente que se irá. Que no conseguí aquello por lo que tanto luché y que he tenido más fracasos que victorias. Que empecé con una angustia que se me agarraba al pecho y que lejos de disminuir, lo único que he conseguido es que no me importe en absoluto.

Éste año, así en general, ha sido una puta mierda.

Me han hecho daño y lo he devuelto. He sido testigo de cómo gente que decía apreciarse se apuñalaba con saña por la espalda, se dejaba tirada en un charco de barro y se juntaba en manadas para echar a patadas al solitario. He visto con mis ojos como personas que se llaman a sí mismas antisociales claman al cielo para que los acepten tal y como son, mientras me miran con ojos llenos de preocupación porque no soy como ellos quieren que sea, porque mis defectos les parecen mucho más horribles que los suyos. He sentido el pinchazo agudo de dolor cuando se confirma lo que creías, que confiar un secreto a una persona en la que se suponía que estaba bien confiar ha sido una completa equivocación. La impotencia cuando te culpan de cargar a otra persona con uno de tus problemas, cuando llevas años cargando a tus espaldas las preocupaciones y las mentiras de otros.

He presenciado la cobardía de los lobos y la valentía de las ovejas. La caída de titanes. El veneno fluyendo libremente y confirmando mis teorías, que formar equipo es reconfortante, pero es una jodida ilusión, y si te apoyas en esa cortina de humo te das de narices contra el puto suelo. Que si quieres algo bien hecho es mejor hacerlo uno mismo, y que, tristemente, para cumplir el único principio que tiene mi escasa y moribunda moral, es mejor no confiar en nadie.

Llevaba años esforzándome por no convertirme en el grinch en navidad, diciéndole a todo el mundo que son unas fiestas maravillosas, que me encantan y aferrándome a cada pequeño detalle que me gusta para no caer en la oscuridad que me rodeaba cada año. Y, a medida que pasaba cada segundo de éstas navidades, me iba dando cuenta de que no soy capaz, de que las luces que cuelgan del cielo no me provocan nada éste año, que no me apetece comer dulces estivales y que la ilusión de comprar regalos se ha perdido.

La ilusión que me esforcé tanto por mantener, rota, martillazo a martillazo, herida a herida, mentira a mentira. Sólo quiero que éste año acabe, porque no creo poder soportar ni un solo segundo más en él.

Me habéis jodido pero bien. Ni tan siquiera tengo fuerzas para llorar, para ponerme la máscara de todos los días y sonreír. Ni para seguir escribiendo.
Sólo quiero dormir, refugiarme entre las mantas y dejarme llevar, para poco a poco, desaparecer.
O salir a mi terraza a vomitar por la barandilla todo el veneno que llevo dentro, mientras me río de todos vosotros y de lo que habéis hecho con el mundo, que lo habéis dejado pudrir hasta que ya no sirve para nada.

Gracias por enseñarme tantas cosas importantes éste año.

Feliz navidad, hijos de puta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s