Miénteme.

Enfrentarse al papel en blanco tras la huida, tan satisfactoria.
Vuelta a la realidad macabra, al tiovivo de las emociones.

Tras el tirón en el estómago tras leer las palabras de amor que supe no iban dirigidas a mi persona, tras la decisión de que me la peláis todos y de que podéis chuparme todo lo que no debe ser chupado, vuelta a pegar la cara contra la pared para no ver la puta realidad que sí, debo reconocerlo, me asusta.

Preguntar con temblor en las rodillas, sabiendo una respuesta, sonando despreocupada completamente a propósito, y escuchando aquella respuesta tantas veces deseada, tantas veces soñada, y saber, con certeza, que es mentira.

Y releerla, imaginar tu voz mientras me la susurras al oído, imaginar un mundo en el que tu respuesta sea cierta, o incluso mejor, en el que no importe, un mundo en el que pueda saltar sobre tus huesos y quemarte en medio de cualquier parte, con cualquier par de ojos mirándonos. Pasear mis ojos por ella una y otra vez, como si tus letras fueran tu cuerpo, como si mirándola pudiera calmar un poco del fuego que calentó mis tripas cuando leí aquellas palabras de amor, como si pudiera hacerme olvidar que, cuando las leí, inmediatamente pensé que muy a mi pesar te habías enamorado de otra.

Se me olvida tantas veces que es mentira, sólo pasando una y otra vez por tus reconfortantes respuestas, que me las creo y empiezo a sentirme bien. Empiezo a sentir ese calor que da el deseo mutuo, el cariño recíproco, la necesidad por ambos lados. La complicidad de una sonrisa de un lado al otro de un bar, de una mirada desde un coche, de un gesto al otro lado de la mesa. Vuelvo a sentir la pasión que me acercó a ti en un primer momento. Vuelvo a sentirme bien.

Y me pregunto si no te gustará torturarme, escribiendo mensajes encriptados que podrían ser para cualquiera, para que piense que son para otra y tenga que preguntar si son para mí. Y luego recuerdo que no soy tan importante. Y vuelvo a mirar tus palabras.

Y te creo. Y dejo que me mientas, y sonrío.

Así que miénteme, tienes mi permiso, háblame con dulces palabras aunque no sean ciertas, aunque no las sientas, aunque no las pienses.

Miénteme cuanto quieras, mientras me hagas sentir bien.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s