Memorias de una persona completamente normal.

Y vuelvo a destapar un nuevo folio, abrir una nueva base y una nueva pestaña en el navegador, y observo como viven otras personas, lo que gratuitamente me dejais observar, que es mucho, pero muy fácil de conseguir en estos tiempos que corren.

Y te observo, como van cambiando tu sonrisa y tu mirada a medida que cambian las fotografías, cómo vas comentando poco a poco, cada nueva palabra o nuevo acontecimiento, y bajo hasta el pasado y descubro tu cara de niño, los gestos de los que te arrepentirás y tus antiguos compañeros, me hago dueña de tu fecha de cumpleaños, y de tus aficiones, escucho la música que amas y leeré los libros que disfrutas cada día, y agradeceré cada minuto de la información que me has proporcionado, te recordaré en cada página y cada nota, porque me has regalado nuevas melodías e historias sin saberlo.

Y cuando te encuentro por casualidad, sonrío, y dejo que me cuentes esas historias mientras las voy recordando, dejo que tu voz, que tantas veces habré imaginado, por fin me acaricie la piel, y voy uniendo poco a poco, historia tras historia, las piezas del puzzle que me has dejado ir montando a lo largo del tiempo. Y pregunto, y parece que mis preguntas siempre dan en el clavo, porque no lo hago a la ligera, siempre voy hacia donde quiero ir, hacia aquel momento que me intriga, sobre el que tanto habré pensado, porque pienso mucho sobre el por qué de cada uno de tus recuerdos, aunque tú no lo sepas.

Podría parecer enfermizo, pero es tan tentador navegar a través de otras vidas sin ser visto, lo que emociona y lo que destruye, lo que halaga y lo que divierte en otras cabezas, que simplemente un psicópata como yo no puede evitar hacer un esquema en profundidad de cada presa, observar cómo mira y a quien, y acabar por montar una red, tejida en hilo de seda, sobre qué compartiría y quién puede ser un ideal, ni tan siquiera por atracción inicial, sino por desentrañar el laberinto de muchas mentes, por entenderlas, por puro vicio.
Y mi vicio es entrar en la cabeza de las personas como puedo, y con cada palabra que escriben me acerco un poco más a mi objetivo, y con cada foto observo su alma, y eso me alimenta. Podría ser mucho peor, pienso tantas veces.
Por lo que si me encuentras escuchándote hablar embobada, sin perderme uno solo de los matices de tu voz, y te preguntas que fue lo que hiciste para conquistarme o por qué te hablé aquel día, solo tienes que saber que para cuando tú hiciste el intento de ganarte mi mente, ya era tuya, porque cada día miro el interior de muchas cabezas, y la tuya siempre fue la más interesante.

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