Rumores y mentiras

No seré capaz de pronunciar más palabras hasta que pase todo esto, pero puedo escribirlas, día tras día, para que mitiguen la fatiga que siento, y que dejen constancia de que aún tengo un corazón, aunque esté anestesiado.

Recuerdos de aquel tiempo en el que decidí que antes que sentir dolor es mejor no sentir nada, cuando con cada latido se formaba un poco más de la máscara de piedra que seguiré llevando siempre.

Y seguiré insultándoos para evitar reconocer que os temo. Os llamaré bastardos para que en mi rabia no podáis leer nada bajo la superficie, manejaré el lenguaje para que me temáis tanto como yo, para que no podáis siquiera acercaros a este juguete roto. Me reiré en la cara de aquel que intente sacarme a la superficie, porque estoy harta de intentarlo, de coger una mano que promete sacarme de la neblina en la que vivo para descubrir que me dejará caer en cuando pase el tiempo suficiente para que se aburra de mi.

Y si soy un engendro helado, qué mas da? Si puedo daros lo que necesitais de mi, lo único que queréis al fin y al cabo. Aprovechad ésta ventaja que os proporciona un ser que no necesita de promesas vacías, ni tampoco puede hacerlas. Al fin y al cabo sólo os ha interesado siempre mi superficie, qué mas dará que no haya nada bajo la máscara de piedra, siempre y cuando ésta sea hermosa.

Tranquilo, mi amado, porque soy ese ser que no se ofenderá ante tu absoluta falta de sinceridad, ni porque creas que soy idiota. Puedo vivir bajo una preciosa valla blanca, sonreírte día tras día mientras pienso en arrancarte las tripas, esperando a que llegue el día en que decidas que ha sido suficiente y te largues con otra mucho mejor que yo, que lo sé, que hay a puñados. Ni tan siquiera logro hacer que me importe. No esperes que te ame, sin embargo, ese tren pasó hace largo tiempo. Sólo me gritaré a mi misma, que es al fin y al cabo quien lo merece, por soportarlo. Porque no tengo un corazón, que yo recuerde, y al parecer tampoco cabeza.

Debe encantarme que me mienta gente cuya autoridad nunca se ha ganado.

Me llamaría gilipollas si no lo tuviera escrito en mi frente y lo viese cada vez que me miro al espejo.

Epitafio preventivo… o Un Máximo de 3 Días.

Una vez más, vuelta a empezar un nuevo folio en blanco que me ayude a sacar la desesperación que tengo dentro, la impotencia que me quema las entrañas a cada segundo.
Odio que me cambien los planes.

He estado negándome a escribir un epitafio para el que ha sido mi compañero de fatigas durante estos últimos 15 años, a pesar de que este ultimo no ha sido el mejor para ninguno de los dos.
Amigo mío, llevas un año, desde aquel ataque alérgico a noseque mierda que se empeñaron en picharte, que no has sido tu mismo. Ya no nos ves, pero es que tampoco nos oyes. Llevo un año pensando en tu epitafio pero negándome a escribirlo, y ahora que el momento me muerde la nuca con sus dientes de hielo, no me sale ni una sola palabra. No podré acostumbrarme a que no estés por aquí, lo siento mucho. Si estuviera en mi mano salvarte, te daría uno de mis riñones, para que volvieras a ser tu mismo. Pero si hay algo que no se perdona es el tiempo, y tú, viejo amigo, naciste con una fecha marcada en el calendario que tristemente se alejaba demasiado de la mía. No podrás ser tu mismo, por mucho que te mediquemos.

Te veo tambalearte de un lado para el otro, negándote a comer o a beber, cansado, demasiado para tumbarte, sin ninguna reacción por tu parte al oír mi voz, como tantas veces, y me pregunto si tú mismo no sabrás que tu destino ya está cerca, y sólo quieres descansar.

Me pregunto yo ¿es tan horrible querer que mi compañero, mi mejor amigo, descanse por fin? ¿Tengo que mantenerle con vida a cualquier precio, alimentarle con una cuchara, pincharle suero, porque su corazón sigue latiendo, a pesar de que no es él mismo ni volverá a serlo nunca?
Mi compañero, ojalá tuvieras una boca capaz de pronunciar palabras, porque estoy tan perdida ahora mismo… ojalá pudieras decirme si quieres vivir a cualquier costo, o que simplemente te despidamos y te dejemos en paz.

Y a pesar de que intento no llorar en público para no ser una persona débil, y que me he intentado convencer día tras día para no llevarme una sorpresa cuando te encuentre la parca, ahora mismo mis convicciones se están destruyendo, o las estoy mandando a la mierda, porque no puedo imaginarme una casa sin un cojín donde estés tumbado, y sobre todo no imagino que cojones vamos a hacer con ese cojín o con todos tus juguetes después de que te vayas.
Aunque nunca hayas sido un amigo dependiente, ni te hayas tumbado conmigo a ver la televisión, voy a echarte en falta, porque siempre estuviste ahí, en cada momento bueno y malo, y he pasado más tiempo en la vida contigo de lo que pasé sin ti.
Y rezo, sí, rezo a quien sea que quiera escucharme, porque haya un maldito lugar después de la muerte donde encontrarnos, porque sabe Dios que en mi último aliento, iré a buscarte, y nos iremos juntos, en paz, de una vez por todas.

Guardando los restos del cajón desastre.

Creo que es la primera vez que borro algo de lo que he escrito. Pero es cierto, que hace demasiado tiempo que no mancho el papel con alguna frase irónica, algún pensamiento demasiado profundo como para dejarlo por ahí suelto, a la espera de cualquier mente curiosa, por no llamarla cotilla, que hurgue en él, como si fuera el cajón de la lencería de cualquier mujer tipo.

Ya no hay intimidad. Y es por eso que llevo algún tiempo muda, esperando a que aparezca algún lugar en el que poder escribir libremente, sin presión ni sensibilidades de diversa índole que puedan ser heridas,  escondida tras una pantalla, libre para pensar lo que se me antoje.

Estoy muda, porque los pensamientos que tengo detrás de esta máscara son demasiado amorales para comentarlos en voz alta, como prácticamente todo lo que suelo decir, pero el doble. A pesar de que me rodeo de gente tan extraña como yo, siento que algunas de éstas palabras no van a ser aptas para oídos incluso no tan sensibles. Por eso llevan tantos años escondidas en una carpeta en mi ordenador, esperando el momento. Es sólo el temor a que esto desaparezca lo que me está llevando a buscar un lugar suficientemente estable en la web donde colgar aquello que llevo tantos años ocultando, todas aquellas veces que insulté al mundo, todas las veces que os llamé idiotas.

Estoy desentrenada. Normalmente ya os habría mandado a tomar por culo unas cuantas veces, pero me estoy ablandando. Y es que hace tanto que no escribo, no por falta de tiempo, sino por falta de algo que me mueva la rabia esa que llevo dentro. Pero se acabó, si no descargo todo el veneno que llevo dentro contra el blanco de un folio, acabaré, como estoy acabando, descargándolo contra gente que se irrita por ello. Que no es que no lo merezca, ojo, pero no me resultan especialmente agradables las consecuencias no controladas.
Por ello me disculpo por adelantado de cualquier barbaridad que podáis oir o leer, por todas las veces que os voy a mandar a freir espárragos, por todas las veces que lo hice en el pasado y que pienso colgar ahora para no echar a perder tantas horas pasadas con una base de fondo, destruyendo la poca humanidad que me queda contra un folio en blanco.
Y advertiros que si no queréis leer la verdad, o por lo menos mi verdad, que no sigáis, porque es una píldora un tanto difícil de tragar, y no pienso edulcorarla.